domingo, 8 de enero de 2012

La joven despierta en su habitación ubicada en la planta alta de la casa y se levanta con el más ridículo atuendo para dormir, arrastrando el pijama extralargo por el suelo y caminando los 4 metros que hay desde su cama a la ventana, se asoma y extasiada con el más puro azul del cielo y el viento virginal que sopla rozando sus mejillas voltea bruscamente en busca del reloj <<como quien busca un tesoro cuando sabe que lo tiene cerca>> y con vista de águila nota que ya son más de las 8:00 am. Como policía se baña y se viste sin la sutileza, sin el tiempo que suelen utilizar las mujeres arreglándose para  lucir hermosas, pues ya iba retrasada a la cita que acordó por tercera vez luego de haber cancelado las dos anteriores por imprevistos en su trabajo. Preocupada por no causar mala impresión y no defraudar a su amigo del Chat,  se olvidó por completo del maquillaje, de los zarcillos, tenía puesto un vestido de color pastel, muy fresco, a la altura de las rodillas con unas sandalias blancas, también muy  sencillas, se vio al espejo de 2 metros de largo por 1,45 de ancho que estaba en su habitación desde hace muchos años y salió con urgencia sin cerrar la puerta, bajó las escaleras evitando el contacto con algunos escalones, fue saltándolos de dos en dos hasta llegar a la planta baja. Al primer encuentro del día con su familia que desayunaba los acostumbrados huevos con pan tostado y jugo de naranja gritó con alegría y desespero como para no escuchar respuesta y no entablar conversación “Buen día, bendición”….
Corrió hacia la puerta sin darle explicación a sus padres de su situación y menos de su destino, salió tan rápido que pareció no tener necesidad de abrir la puerta sino que pasó a través de ella. En fin, tarareando una canción a paso más ligero pero con el mismo entusiasmo recorrió el camino de la entrada, pasando entre la maleza de un jardín descuidado a través de la pequeña trilla que da a la calle del frente, subió a su carro, luego de cinco intentos fallidos, por fin prendió el auto y  se fue, dejando un humo negro y espeso que salió del escape, evidencia de que ya se había marchado.
En la primera cuadra cruzó a la derecha, tomando una de las principales avenidas de la ciudad, aceleró tanto como los peatones se lo permitieron pues el tráfico no era tan desmesurado como de costumbre (punto a su favor), llegó al semáforo de la esquina que en complicidad con su desespero cambió de inmediato a verde, siguió y en la cuarta calle cruzó a la izquierda (las calles en contraste con las avenidas eran extremadamente angostas), llegó al estacionamiento más cercano y aparcó su querido cacharrito, asegurándose de que estaba bien ubicado, aseguró las puertas y corrió tan rápido como pudo, sus cabellos castaños parecían libres y bailaban la más hermosa danza con el viento, sus largas piernas lubricadas naturalmente la llevaban a la plaza del municipio, donde su “Amigo del Chat” la esperaba. Por fin había llegado, pero no veía a nadie, o por lo menos a nadie que le interesara, no sabía que hora era, daba vueltas sin parar en el mismo eje, tal como lo hacen los relojes y lentes de exhibición.

Detrás de los árboles estaba su “amigo”; bajo de estatura, tez blanca, de cabello corto muy negro y cejas puebladas, pesaba aproximadamente unos 90 kilos, era rechoncho. La veía y estaba tan hermosa como siempre, pero mientras más lo seducían los atributos de la chica, más lo paralizaba el miedo. Pasaron 10 minutos y la escena de la plaza parecía una fotografía, él y ella en el mismo sitio, esperando….
El joven decidido luego de un soliloquio motivador, caminar hasta ella con extrema confianza, caminaba seguro, parecía uno de esos antiguos caballeros, ella aun no lo veía pues daba la espalda al nuevo Don Quijote en el cuerpo de Sancho. “Hola, ¿como estás?, soy yo” fueron sus palabras para romper el hielo, ella volteó y sin pensárselo lo abrazó como si estuvieran en su 5to aniversario de noviazgo. Conversaron, rieron, caminaron, comieron helado, calentaron todos los bancos de la plaza, e hicieron que el cielo tomara un color oscuro. Parecían almas gemelas, astros que se desplazan en el espacio como por obra divina. La noche los sorprendió y tuvieron que marcharse <<con la disposición de ir al trabajo un lunes cuando se viene de vacaciones>>. Cada quien llegó a su casa, a su habitación, acostados en una cama diferente, apoyados en una almohada distinta, viendo un techo desconocido, viviendo una vida de ensueños; ella colocó las flores en agua al lado de la cama, en su mesa de noche y se durmió contemplándolas ¡ LAS PRIMERAS CITAS, CUAN APASIONANTES SON !.
La joven despertó alterada, vio la hora, el reloj marcaba las 6:45 am, corrió al baño dentro de su habitación y salió casi de inmediato buscando el atuendo de costumbre; mientras se vestía, colocándose el pantalón sentada a la orilla de la cama, observó la mesa de noche sonriendo y pensó. “Que tonta, todo fue un sueño, si tan solo hubiese sido real, …”. Terminó de arreglarse y bajó las escaleras con paciencia, en la cocina solo estaba su madre, le dio los <<Buenos Días >> con un beso y un gran abrazo y se despidió, disculpándose por no quedarse a desayunar. Había llovido toda la noche, caminó la trilla hasta su cacharrito, lo prendió sin inconvenientes, comenzó a recordar las responsabilidades del día y luego arrancó con prisa. Iba tan rápido que mojó a un joven cuando sin cuidado pasó un charco de agua, ella no se percató del accidente, el joven era su vecino, al cual no conocía, ni veía, pues embriagada con la rutina no se fijaba mas que en las trivialidades del día, a pesar de todo, el vecino no se molestó, ni reclamó, increíblemente sonrió y siguió con la mirada el carro hasta que desapareció de la calle, ella era su amor platónico… El joven siguió caminando con rumbo a la parada del autobús y los chiquillos de la cuadra que se dirigían como en manadas a la escuela municipal se burlaban del gordito con la ropa mojada,  este sin hacerles caso tomó el autobús y se sentó pensativo en el último asiento apoyando la cabeza en la ventana.

Llegó retrasada y no logró concentrarse en el trabajo, pasó todo el día pensando en su sueño, cuanto quería que fuese realidad, cuanto anhelaba las flores del gordito del Chat. Mientras tanto, el autobús se detuvo en el centro de la ciudad y el joven bajó en la floristería más cercana para comprar unas rosas; la vendedora con una sonrisa le pregunta: -¿Otras?, y el apenado, solo afirma con un movimiento de cabeza.





¡CUANTOS SUEÑOS CAMINAN CON NOSOTROS!

¡CUANTOS TEMORES NOS COARTAN LA LIBERTAD!

Él, viviendo un sueño que no acaba de concretarse. Ella, viviendo una realidad ajena a sus aspiraciones.
Nadie sabe que sucedió con ellos, unos afirman que por fin el joven decidió declarar su amor y entregó las flores como muestra de gran  sentimiento, otros avalan esta hipótesis pero concuerdan en que ella lo rechazó. Muchos dijeron haberlos visto agarrados de la mano caminando por la plaza, otros que se mudaron y cada quien tomó un camino distinto. Lo único cierto es que el joven siguió yendo por mucho tiempo a la floristería de mi abuela. Todavía me parece verlo llegar y pedir la rosas.

La vida sigue su curso a pesar de nuestros sueños, está en nosotros el cumplirlos y abrirnos a las posibilidades que el vivir nos ofrece o abandonarse en la espera del mañana, ese mañana que es  nunca cuando no actuamos hoy. Está en nosotros en apreciar lo que nos brinda la vida, pues la vida es el milagro que nos brinda bienestar.