La felicidad no es una utopía…
¿Cuándo te levantas agradeces por el nuevo amanecer, sonríes por el sol que nos ilumina y las nubes que nos cobijan?.
Siempre digo que no importa con que pie te levantes siempre y cuando te levantes, y es que ¿quién puede decir que ha tenido un día totalmente perfecto? o por el contrario decir que ha sido un desastre absoluto; eso sería magnificar las emociones de los momentos transitorios de nuestro día y calificarlas como lo más importante, desperdiciando esas últimas horas del día en quejas en vez de reflexionar. ¿No te das cuenta que siempre tienes una nueva hoja donde escribir mejor, un nuevo día para vivir mejor?. Esa necesidad de controlarlo todo, de “caerle” bien a todos, de ser el centro de atención, ese ridículo afán de tener la razón a toda costa, de callar a los demás. ¿No has pensado que los demás también están en lo mismo que tú?, ¿por qué insultar su filosofía de vida sin tener la seguridad de que la tuya es correcta?, todos queremos ser feliz, pero, ¿mi felicidad es tu felicidad?, ¿lo que a mí me da placer a ti también?; somos tan iguales y a la vez tan distintos, que respiramos el mismo aire pero no oxigenamos el mismo cerebro ni habitamos el mismo cuerpo. Por eso pensar en un mundo perfecto es una utopía, porque lo que para mí puede ser distracción para ti es emoción… Pero no es tan malo que ocurra esto, no son tan malas las diferencias como pensamos. El mejor día puede ser el menos pensado, podemos degustar el mejor café hablando con esa persona que no comparte nuestros pensamientos e ideas; es decir, podemos vivir en paz con nuestras diferencias.
La felicidad está aquí y ahora, está en quitarte las 10000 máscaras que te has inventado, en reírte de tus errores y descubrir tus virtudes, en darle un verdadero valor existencial a tu organismo ¿para qué sirven mis ojos, mi boca, mis orejas y mis oídos, mi lengua, mis manos, mis piernas…?, nada nos pertenece realmente, como dice Facundo: todo te fue dado, tu no hiciste ni un solo pelo!... la felicidad está en guiñarle el ojo a la vida y aceptarla como ese viaje que nos invita a disfrutar del paisaje, a cantar desde lo más profundo, antes de habitar el silencio, antes de regresar al olvido.
¿Está medio lleno?, ¿está medio vacío?, el vaso no tiene importancia... Que desagradecidos somos, prestándole atención al vaso cuando tenemos océanos, mares, ríos, lagos y valles. Tememos encontrar la felicidad, porque significaría dejar la rutina agotadora, los insultos que tanto nos levantan el ego, los chismes de la vecina que nos entretienen, los refranes fastidiosos que nos excusan; significaría desprendernos de la imagen que tenemos hasta ahora, significaría volver a nacer.
Pero no hay problema. Tenemos la oportunidad de nacer con cada amanecer.