En cuestión de segundos te puedes dar cuenta que la vida es mucho más de lo que siempre habías creído, que esos hábitos aprehendidos han construido tu ser, pero ese ser, no es el que quieres ser y te preguntas, ¿cómo puede ser?, ¿qué pasó?; dudas acompañadas de temor, curiosidad y angustia, hacen que pierdas la dirección y el camino, pero, curiosamente la brújula sigue marcando, en cada latido, en cada respiro. Ese momento es uno de los más importantes de tu vida, ese al que se refería Neruda, donde te encuentras a ti mismo y te percatas que la brújula, la dirección, las coordenadas, el camino, el destino siempre han estado acompañándote, tan cerca que no se pueden ver sino sentir, pues están dentro de ti.
Personas van, personas vienen, unos te agradan, otros no tanto, pero lo más importante es que todos han influido en ti, siendo partícipes de tus momentos; quieras o no, le debes un poco a cada uno de ellos lo que hoy eres y probablemente serás. Hay muchas preguntas para tan pocas respuestas, muchas plumas para tan pocas páginas, demasiada confusión para tan corta vida. Curioso es ver lo prejuzgados que están los principios en estos tiempos; los valores son la espina dorsal de nuestra vida, sin códigos éticos y morales las relaciones humanas no tendrían sentido y estarían basadas en la inseguridad, es decir ¿para qué relacionarme con alguien que me va a agraviar o hacer daño?, ¿para qué hablar con alguien que es deshonesto? , incluyendo la falta de autoestima ¿para qué buscar mi felicidad y mostrarme tal cual soy, si todo está basado en las apariencias? . La moralidad para mí, comienza con el respeto propio, y va definiendo nuestra existencia, nuestra esencia, haciendo de nuestro amor a la vida y a la libertad un sentimiento colosal. La transgresión puede verse como acto de valientes, dependiendo de la causa; no es romper las reglas e ir contra la ley, tampoco digo que haya que ser sumisos, al contrario, apoyo la rebelión; pero principalmente contra nosotros mismos. La mejor forma de curarnos de la enfermedad de esta sociedad es rebelarnos contra nuestros fantasmas, pues terminamos siendo nadie por querer parecernos a todos. El valor del ahora es fundamental, está en hacer y ser lo que te gusta, sin prejuicios, sin limitaciones, sin instrucciones más que las dictadas por tu consciencia, moverte por donde te gusta, escribirle la letra a tu melodía, bailar al son que te apasiona, disfrutar del momento porque cuando mañana se vuelve excusa y ayer pretexto, hoy es una porquería.
He aprehendido lo cobarde que es tomar esa actitud de inquisidor. Esa crítica destructiva que nos hace vulnerables, convirtiéndonos en individuos que solo ven los defectos ajenos por miedo a encontrar los propios y peor aún reconocerlos, y tener que combatirlos.
El problema no está en la circunstancias, sino en la falta de sinceridad para con uno mismo. ¿Cuántas veces no nos hemos traicionado para salir ilesos de cierta situación o quedar bien?, engañándonos en el día y castigándonos por la noche, sonriéndole al espejo y llorándole a la almohada; sucumbiendo a la realidad del colectivo, esa realidad que termina siendo asfixiante, alejándonos de la vida añorada, relegándonos al papel secundario y de espectador en una vida donde cada uno es protagonista.
Muchas veces tuve miedo de enfrentarme a mí mismo, por eso hablaba, hablaba con los demás, hablaba conmigo mismo, siempre sofocándome, abarcando tanto espacio con las preguntas que no daba lugar a las respuestas. Decidí callar por unos días, meditar, y dejando hablar al silencio he descubierto más respuestas de las que esperaba.
Nunca me ha gustado definir la vida, para no encasillarla y menos inventarle un contexto inexistente y falso. Prefiero descubrirla a cada momento y no interpretarla a través de posibilidades, y así voy, caminando y meditando, soñando y construyendo, preguntando y respondiendo; mejor aún, viviendo y escribiendo…