Marzo o Abril de 2003 no recuerdo con exactitud. Estudié en una escuela del CRP (centro refinador Paraguaná) desde tercer nivel. No tenía ganas de ir a clases, bueno si es que a eso se le podía llamar clases _un salón con más de tres secciones mezcladas matando el tiempo_ ,estudiaba 5to grado en el turno de la tarde, las imágenes vagas solo me permiten retraerme a aquel momento en el cual viendo desde un pasillo aledaño a la entrada de la institución, guardias nacionales _habían por todos lados_ empujaban con sus armas violentamente a los manifestantes, sin importar que el 99% eran profesoras, mujeres de la educación, mujeres que habían hasta entonces dedicado su vida a enseñar a los hijos de los trabajadores petroleros a querer este país, brindándole las herramientas para surgir y explotar nuestro potencial, así recuerdo a Ligia, Luz María, Elizabeth, Mervis, Arelis, Magaly, y la última de esa generación Inés. Aunque las(os) profesoras(es) en la era post-paro fueron en su mayoría muy buenos _nunca faltan los piratas_ la formación como humano me la dieron sin duda esas mujeres en mi primaria. Toda mi generación fue expuesta en nuestros primeros años de conciencia al exabrupto de un cambio constante de educadores en un mismo año escolar. Ya hacía tiempo que veíamos carros a la hora de salida rayados con mensajes políticos, pero nunca imaginamos lo que iba a acontecer después.
Llegó el paro petrolero (2002) y con él todas las emociones que se puedan imaginar, cada quien lo vivió a su manera, para mí fue incómodo ver como día a día faltaba un compañero más a clases, la incertidumbre de no saber cuando te va a tocar a ti faltar porque tu papá se ha unido al paro; o por lo menos ese fue mi caso; yo sabía la posición política de mi padre pero también era consciente de que estaba en juego su trabajo y más cuando estaba a escasos años de su jubilación. Llegada la hora de la verdad comencé a faltar a clases al igual que muchos amigos, poco a poco el ambiente se hacía más tenso, las plazas se llenaban de banderas y cacerolas y los insultos a la orden del día.
Las consecuencias del paro fueron muy diferentes a las esperadas, o por lo menos a las que yo esperaba, volver al otro año (2003) a terminar el mismo año escolar con directivos, obreros y profesoras distintas, en un salón que aun siendo ocupado por todas las secciones del mismo curso no llegaba ni a la mitad de alumnos con los que estudiaba en una sola sección cuando comencé, era desalentador, la lista parecía de prófugos de la justicia, no se me olvida cuando estando en la biblioteca la nueva coordinadora (pero antigua profesora) intercambió palabras con un compañero_ ¿tu papá es fulanito?... si, profe…, entonces el año escolar que viene no podrá estudiar aquí_ todos no vimos las caras y el silencio gritó lo que pensábamos.
Ver como familiares y conocidos eran retirados de la empresa petrolera sin ser liquidados ni remunerados por su trabajo, y como llegaban “los nuevos” con prepotencia y la mayoría sin experiencia a ocupar un puesto fue impactante, no soy juez para decir si estuvo bien o no, pero soy humano y recuerdo cuan mal me sentí. Mi papá se salvó pues salió de vacaciones en los momentos de mayor protesta y aunque lo acusaron de “escuálido” al final volvió a su trabajo, pero esta vez con diferentes compañeros. No pasaba más de tres meses de su reincorporación al trabajo cuando con asombro o quizás con indignación me contó que entró a una oficina y se encontró con un cuadro inmenso de Chávez en la pared, también se reía de la ridícula intención de sobresalir por parte de muchos trabajadores (no todos) mostrando su amor a la revolución pues tal era la competencia en la jaladera que el día del cumpleaños del presidente Chávez cierto individuo comunicándose por el radio de PDVSA instó a sus compañeros a que cantaran todos juntos el cumpleaños feliz al comandante, cerrando la jornada de trabajo con broche de oro pues le picaron una torta en su honor y para sentir su presencia colocaron una foto, imagino que el grito fue: el que no jala no come torta; y la última pero no menos graciosa fue cuando mi papá (que es bien refunfuñón) le contestó a un nuevo cuando quiso darle una orden _señor de ahora en adelante todos los viernes debe venir con franela roja…. nojoda, tengo 40 años trabajando en esta empresa y tú no me vas a decir como me tengo que vestir y si me dan esa franela roja que andan regalando la voy a usar “para limpiarme el cul…”_. Solo imagino sus cara.
Mi papá ya está jubilado y cada día odia más a Chávez, por mi parte continué mis estudios en la misma institución pero nunca abandoné mi posición, aunque el conocer ambas caras de la moneda me permitió madurar mi visión de país y sobre todo mi misión como ser humano.
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